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Novelas con aire nórdico
Vicente Fisac (1949 - ?) El escritor inefable de Amazon
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Novelas con aire nórdico
Michael Strøm Lie era un jurista severo, pero con Erika se derretía. Una mañana, en Svendborg, se levantó temprano.
Los años pasaron como pasan los inviernos en Glommen: lentos, duros, pero con una belleza que duele. Erika crecía. Era alta, delgada, con el cabello rubio cayendo en ondas sobre los hombros. Tenía los ojos de su madre, pero más claros, más fríos. Era callada. No hablaba mucho. Pero cuando lo hacía, lo hacía con una seguridad que desconcertaba a los adultos. Una vez, un primo de Christiania vino de visita. Era un muchacho de ciudad, con levita y sombrero de copa.
El tiempo fue pasando y las hijas fueron educadas como las niñas de la clase alta de aquellos días. Esto incluía tareas domésticas, costura y música, entre otras cosas. Y los acordes que Thomasine sacaba del piano incentivaron el interés de Ida y Erika por aprender a tocarlo, y ambas superarían muy pronto en destreza a su hermana mayor e incluso a su propia madre.
Kongsvinger no era solo un punto en el mapa. Era un mundo y un faro cultural en la comarca. El río Glomma, madre de todos los ríos noruegos, serpenteaba por el valle y en sus orillas los niños jugaban y pescaban truchas con cañas de avellano. En invierno, se convertía en una carretera de hielo por donde los trineos corrían cargados de leña. La fortaleza se alzaba en lo alto, con sus murallas de piedra gris y sus cañones apuntando a ninguna parte. Los soldados suecos ya no eran una amenaza, pero los niños seguían jugando a “conquistar el castillo”, trepando por las laderas resbaladizas y gritando órdenes imaginarias. En Svendborg, la vida tenía un ritmo propio. Al amanecer, el gallo cantaba y comenzaba la actividad con el trabajo de sirvientas y empleados de la granja. Antes de las diez de la mañana ya estaba sonando el piano a manos de Ingeborg que instruía a su hija mayor Thomasine en todo aquello que debía conocer una joven de clase media-alta: música, cultura general, costura, etc. Pero esas notas musicales también atraían la atención de Ida y de la pequeña Erika que parecía entender ese lenguaje musical que salía del piano. Esa atracción que sentía por el piano la hacía gatear entre las piernas de los mayores intentando subirse al taburete con intención de tocar, hasta que su padre o su madre la cogían y la sentaban en su regazo.